A Mahatma le pasa como a mí, que no encontramos verdaderamente ningún motivo para celebrar los cumpleaños. Sobre todo porque cuando uno se hace mayor, la llegada de esa fecha inolvidable siempre es motivo de reflexión, de mirar atrás con vértigo y adelante con recelo.
Hoy no es mi cumpleaños, es el de Mahatma, y lleva todo el día esquivo conmigo, algo raro en él. Cumple cuatro años, lo que lo convierte en todo un adulto. Parece que fue ayer cuando llegó y los soltamos por el jardín, aquello sí que fue una celebración para él, cambiar la jaula de la tienda por aquella casa llena de humanos amables. Tenía aún los dientes de leche y, por supuesto, yo no sabía que un día podría hablar con él.
He ido al rincón donde reposaba y le he acariciado el cogote.
- Mahatma,¿sabes qué día es hoy?
- Of course, Mr. Xarat, es 13 de Noviembre, jornada de reflexión-, ha dicho muy serio mientras se levantaba y me dejaba con la palabra en la boca y la mano acariciando la nada.
